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‘Made in China’: maltrato sistemático a trabajadores, clave del bajo costo
Ultima Modificacion: 2010-11-01 18:00:08

CENTRO DE SOLIDARIDAD SINDICAL DE FINLANDIA / Karla Miliani / Reproducción literal


 

Jornadas que sobrepasan las once horas diarias de trabajo, contratación temporal que cubre en algunos casos un 50 por ciento de la fuerza laboral, y jóvenes entre los 16 y 18 años de edad contratados como pasantes, son algunos de los casos más reportados en el Informe publicado recientemente por FinnWatch, Students and Scholars Against Corporate Misbehaviour (SACOM) y Centre for Research on Multinational Corporations (SOMO): Playing with Labour Rights: Music player and game console manufacturing in China.

 

Karla Miliani, Bogotá

 

Probablemente los catorce millones de usuarios iPhone en el mundo no saben que detrás de estas piezas se esconden violaciones sistemáticas a los derechos de los obreros en China, centro mundial de ensamblaje y fabricación de componentes para la industria electrónica actual.

 

El sello ‘Made in China’ es hoy una constante, casi todos los objetos que usamos a diario lo llevan impreso, esta es sin duda la etiqueta por excelencia del imperio de la producción en masa y a muy bajo costo. China es en este momento el mayor fabricante de reproductores portátiles de música y consolas de video juego, entre otros productos electrónicos de consumo personal.

 

Entre 1995 y 2006, el porcentaje de artefactos electrónicos ensamblados por este país con respecto al resto del mundo se disparó pasando del 3 al 20,5 por ciento, una expansión que no sólo transformó significativamente la industria electrónica global sino que ha servido como motor principal de la economía china en los últimos años.

 

En el 2006, el sector de la Tecnología de la Información y la Comunicación –TIC- en China exportó bienes por un valor de 232 billones de dólares y empleó a más de siete millones de personas. Los fabricantes y proveedores más fuertes de componentes electrónicos penetraron la economía del país asiático y establecieron varias plantas de operación. Cuatro de ellas, Canadian Celestica, Flextronics Internacional, Vista Point Technologies –filial de Flextronics- y Hong Fu Jin Precision Industry, han sido seleccionadas por un grupo de organizaciones independientes como FinnWatch, SACOM y SOMO -asociadas a la campaña MakeITFair- con el propósito de evaluar las condiciones de trabajo que rigen en dichas plantas localizadas en la Provincia de Guandong.

 

Desafortunadamente, para sorpresa de algunos, el resultado del estudio ha sacado a la luz asuntos tan espinosos como violación a los derechos laborales y maltrato a la dignidad humana, poniendo en el ojo del huracán a algunos de sus clientes entre los que se encuentran emporios como Apple, Microsoft y Sony.

 

Para tener una idea concreta acerca de quiénes estamos hablando, Foxconn y Flextronics son las productoras por contrato de piezas electrónicas más grandes en el mundo. En el 2007, Foxconn fue la empresa exportadora número uno de China, su planta total de empleados alcanza los 550,000 y sus ingresos rondan los 51.8 billones de dólares anuales. La planta de Foxconn en la ciudad de Shenzhen en Longhua es la más extensa, con una fuerza de trabajo de 270,000 obreros.

 

Por esta misma época el Wall Street Journal reportó, en un artículo titulado‘The Forbidden City of Terry Gou’, maltrato hacia los trabajadores de Longhua, específicamente aquellos que fabrican iPods para Apple. La denuncia atrajo la atención de todo el mundo así como las críticas en la prensa china. Los abusos, incluyendo extensas horas de trabajo y turnos dobles sin descanso, fueron corroborados por un equipo de investigación enviado por la propia Apple. Este fue el comienzo de una explosión de delaciones e investigaciones realizadas en la región sur-este de China, entre ellas el reporte publicado en marzo de 2009 por FinnWatch, SACOM y SOMO: Playing with Labour Rights: Music player and game console manufacturing in China.

 

La investigación involucró trabajo de escritorio y recolección de información en campo. En China, las entrevistas y notas sobre la situación de los trabajadores fueron conducidas por SACOM entre abril y agosto de 2008. En total 110 obreros fueron entrevistados en las cuatro fábricas, los cuestionarios se efectuaron de manera individual o en pequeños grupos en locaciones seguras por fuera de las plantas de operación. 

 

Escandalosa constatación: trabajadores sin derechos


Prácticas como discriminación por enfermedades contagiosas, flexibilización absoluta del horario de trabajo y deducciones en el salario por “malas conductas”, son un común denominador en las empresas ensambladoras de piezas para la industria electrónica global en China. Algunos de estos patrones han sido detectados y denunciados por la campaña MakeITFair y analizados minuciosamente en el reporte publicado por FinnWatch, SACOM y SOMO. Específicamente en las cuatro compañías objeto de estudio del informe divulgado recientemente por MakeITFair se hallaron violaciones sistemáticas a los derechos laborales de los trabajadores y abusos de todo tipo.

 

Durante mucho tiempo la gran Provincia de Guandong ha sido el símbolo de recuperación y fortaleza económica del gigante asiático, y es allí donde se han ubicado la mayoría de fábricas de la industria electrónica. La cercanía con Hong Kong ha sido un elemento clave en la consolidación de esta provincia como eje exportador y de producción después de las reformas implementadas hacia finales de los setenta.

 

Guandong goza del PIB más alto entre todas las provincias de China y es bien conocida por la intensa fabricación de piezas electrónicas, juguetes y prendas. Trabajadores inmigrantes de otras regiones del país –la llamada población flotante- constituye más del 65 por ciento de la mano de obra, según un artículo publicado por el China Business Review en 2007.

 

En este contexto, y con base en la investigación realizada, los problemas más comunes a los que se deben enfrentar diariamente la población trabajadora de la industria electrónica en Guandong son: discriminación en la contratación de personal, horario nocturno y horas extra, contratación de menores de edad y de trabajadores temporales.

 

En caso de ser portadores de enfermedades contagiosas como hepatitis B, todos los aspirantes deben someterse a chequeos médicos antes de ser contratados; no obstante, tres de las cuatro fábricas rechazan automáticamente a todos aquellos diagnosticados con hepatitis B.

 

Horario nocturno y horas extras de trabajo aplicadas a un alto porcentaje de estudiantes entre los 16 y 18 años de edad contratados como pasantes. Los empleadores ahorran dinero al reclutar estudiantes-pasantes ya que estos no están habilitados por la ley laboral China para acceder a seguridad social subsidiada por el empresario. 

 

En el 2008 el salario mínimo mensual en China fue incrementado y en las cuatro fábricas se determinó un paquete básico igual o un poco más que el mínimo por trabajar tiempo completo: 770-935 yuans lo que equivale a 72-82 euros mensuales. Algo menos de $ 220.000 pesos colombianos.

 

Aún así, el costo de vida sobrepasa el salario mínimo mensual para estas familias que deben enviar casi todos los ingresos a sus familias, por eso tratan de reducir gastos al máximo tomando turnos y horas extras y viviendo en los dormitorios de las fábricas en condiciones de higiene y hacinamiento.

 

En tres de las cuatro plantas de producción los obreros fueron empleados para trabajar entre 80 y 90 horas extra al mes durante la temporada de más demanda, en una de ellas fueron incluso empleados por 120 horas demás, una deplorable violación a la ley laboral de este país que condiciona los turnos extra a 36 horas al mes como máximo.

 

Y como si fuera poco, turnos diurnos y nocturnos sin descanso entre una jornada y otra fueron implementados, en algunos casos con un requisito adicional: permanecer de pie todo el tiempo. Lo efectos negativos sobre la salud de los empleados no tardaron en aparecer. No siendo esto suficiente, en tres de las cuatro empresas es evidente la aplicación de multas por “mala conducta”, como por ejemplo quedarse dormido o cometer errores en la línea de ensamble debido al rápido ritmo de la banda, conductas que por lo general son consecuencia de las deficientes condiciones laborales ofrecidas por el empleador.

 

Cambia el mapa


De acuerdo con las cifras reveladas por el estudio de FinnWatch, SOMO y SACOM, en el 2007 se vendieron 210 millones de reproductores de música portátil en todo el mundo por un valor de 19.5 billones de dólares, representando un alza en ventas del 19 por ciento en comparación con el año anterior; uno de cada cuatro era un iPod.

 

Naturalmente la demanda en ascenso de todos estos objetos ha causado un aumento significativo en la producción de los mismos. En consecuencia, en las últimas décadas la red de proveedores de la industria electrónica se ha complejizado cada vez más; la tercerización de una gran parte del proceso de producción, particularmente en Asia, es un ejemplo de esto. Entre 1995 y 2006 el mapa de producción global de aparatos electrónicos claramente se inclinó hacia la región de Asia- Pacífico, pasando de fabricar un 20 por ciento del total mundial a un 42 por ciento, mientras en Europa Occidental, EE.UU. y Japón el descenso de la industria continúa.

 

La otra cara del sello ‘Made in China’


Pero más allá del surgimiento de nuevos epicentros de operación y eslabones en la cadena de fabricación de dispositivos electrónicos en el mundo, existen una serie de problemas sociales, ambientales y de violación a derechos laborales que han surgido a raíz de este modelo de producción global que ponen en tela de juicio la ética y responsabilidad social de emporios como Apple, Microsoft y Sony.

 

Bajo la sombra de estos gigantes se esconden realidades que no corresponden a las historias de éxito de marcas mundialmente reconocidas como Xbox 360, iPod y iPhone. 

 

Aunque el sector de la Tecnología de la Información y la Comunicación es percibido generalmente como una actividad limpia con empleados altamente calificados y remunerados con salarios decentes, esta es tan sólo una cara de la moneda. La otra, esa que no vemos, son las mujeres jóvenes cabeza de familia –mayoría en las líneas de producción- ensamblando piezas durante horas y en casi todos los casos sobrepasando el límite de tiempo de trabajo permitido por el código laboral de estos países, sin un reconocimiento salarial medianamente digno.

 

Sindicatos en China, muralla protectora del partido comunista y sus intereses.


SI bien es cierto que el respeto por los derechos de los trabajadores en China está creciendo gracias al nuevo Código Contractual Laboral puesto en marcha desde enero de 2008, la Federación China de Sindicatos (ACFTU) continúa monopolizando las posiciones y ejerciendo el poder. La ACFTU es totalmente controlada por el Partido Comunista y en ese sentido permanece leal al empresario y al gobierno, no a los trabajadores. Dicho esto, se espera que para el 2010 todas las factorías privadas en China estén sindicalizadas, expectativa que desconoce la realidad si se tiene en cuenta que en las cuatro fábricas donde se realizó el estudio los entrevistados no sabían sobre la existencia de un sindicato al interior de la compañía.

 

La mayoría de las empresas de marca electrónicas han adoptado códigos de conducta afirmando que los derechos laborales y la dignidad humana de sus trabajadores serán garantizados. Pero este reporte demuestra que el caso va más allá de las buenas intenciones de Apple, Microsoft o Sony y de la capacidad de monitorear a sus proveedores de primer nivel.

 

Y es que no cabe duda que la diversidad de problemas que enfrenta la industria electrónica están interconectados, lo que hace más difícil la situación.

 

Proveedores se quejan por las demandas crecientes de elevar sus estándares laborales y ambientales y de implementar políticas socialmente responsables, pero al mismo tiempo no pueden descuidar el pedido expreso de sus clientes de reducir costos de producción; es aquí cuando entran en juego los derechos de los trabajadores.

 

La veeduría de auditores independientes y reclamos por parte de los consumidores, ayudarán en gran medida a materializar algunos cambios, pero también es indispensable otorgarle pleno poder a los trabajadores de organizarse y hacer valer sus derechos. Esta condición es imprescindible para generar cualquier transformación en la industria electrónica, así lo plantea el reporte y la campaña MakeITFair. Entre tanto, el iPod seguirá reinando y ensordeciendo las voces de los obreros en Guandong.

 

Leer más (en ingles): www.makeitfair.org

 

 

COMENTARIO DE LA REDACCIÓN


El pasado Septiembre del 2009, la Asociación Internacional de la Seguridad Social (ISSA), publicó un estudio sobre la seguridad social china que contiene estas escalofriantes revelaciones:

 

  • "El régimen de seguridad social chino aún no ha beneficiado a todos los grupos sociales y, en particular, los residentes rurales y los residentes urbanos no asalariados siguen estando excluidos en los regímenes de pensión de vejez establecidos.
  • Los regímenes de seguro social existentes aún no han proporcionado plena cobertura a los grupos beneficiarios que están dentro del alcance legal de la cobertura. La tasa real de participación sigue siendo baja entre los trabajadores de los establecimientos no públicos, todos los tipos de personal que realizan tipos flexibles de trabajo, los antiguos trabajadores agrícolas que han emigrado a las zonas urbanas, y aquellos agricultores cuyas tierras han sido expropiadas. 
  • La gestión y el servicio aún deben mejorarse para tener plenamente en cuenta el requisito del trabajo." 

 

El lector supondrá que la categórica reacción china fue inmediata... Nada de eso!

 

Se trata, al decir de los refugiados chinos, de un pálido reconocimiento del gobierno chino. El estudio en cuestión fue elaborado y publicado por el propio Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social de la República Popular China que recibió por éste -¡sorpréndase!- el Premio de Buenas Prácticas de la AISS, Concurso Asia y el Pacífico 2009. Lo que nos enfrenta bruscamente con la desconcertante e inexplicable complicidad de los gobernantes y líderes del mundo occidental, incluida la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ante este moderno campo de concentración chino convertido en una de las mayores fábricas del mundo.

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