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ADELANTE LA FE Nihilismo: la esencia de la nueva izquierda. Entrevista con Roberto de Mattei
Ultima Modificacion: 2017-05-27 12:02:27

Filemon y Heltai: Nos encontramos en Roma, junto a la la iglesia titular del cardenal Peter Erd?. ¿Alguna vez ha estado en Hungría, conoce a alguien en ese país?

Roberto de Mattei: Sólo he estado una vez allí, y no pude quedarme más de unos días. Como historiador, aprecio a todos los países que vivieron bajo la opresión soviética. Hungría destaca porque los magiares siempre tuvieron el valor para enfrentarse a la dictadura. Siento una particular apego por el cardenal Mindszenty, héroe de la resistencia católica en el siglo XX.

F y H: En la conferencia que pronunció a finales de marzo en el Cosmos Club de Washington, con motivo del centésimo aniversario de las apariciones de Fátima, puso de relieve los otros aniversarios que definen nuestro presente: 1517, 1717 y 1917. ¿Qué relación guardan entre sí estas fechas?

R de M: Por lo que se refiere a la historia de las ideas, en mi opinión estas tres fechas guardan relación y ponen de manifiesto la honda crisis política, cultural y religiosa que atravesamos. Es importantísimo entender las raíces de esta crisis, porque el presente que vivimos es consecuencia de un largo proceso. Todo empezó en Italia con el humanismo. Prosiguió con la revolución protestante en los territorios alemanes hasta Lutero. Luego llegó la Revolución Francesa, y por último la Revolución Bolchevique en Rusia. 1717 puede resultar una fecha llamativa, porque no se trata de la Revolución Francesa, sino de la fundación de la primera logia masónica. Hay una estrecha relación entre la difusión de la Masonería y los sucesos revolucionarios. Un común denominador de los movimientos relacionados con las fechas en cuestión es que tienen por objeto destruir la unidad del mundo cristiano.

F y H: Es evidente que esos “intentos” resultaron fallidos. ¿Cómo llegamos a la situación actual?

R de M: En el siglo XXI soplan nuevos vientos: en vez de construir se destruye. En lugar de (re)construir se demuele. Ése es el objetivo inmediato de los revolucionarios. Lo que digo se entiende fácilmente en el contexto del comunismo. La ideología comunista presenta dos facetas: por un lado está la noción, no buena pero positiva, de una sociedad igualitaria sin clases. Por otro lado, está el aspecto destructivo que quiere acabar con la Cristiandad y con sus cimientos: la familia, la propiedad, el estado y la propia religión, a fin de lograr la primera idea. Este nihilismo es la esencia de la nueva izquierda. Los fracasos del siglo XX, es decir, las utopías, no trajeron sino muerte y guerras, y eliminaron totalmente  el enfoque constructivo. Quedan el caos y las ruinas, y esperan que a partir de eso renazca algo nuevo.

F y H: Hablemos un poco más de esas fechas. 1517. Muchos conmemoran este año la Reforma iniciada hace 500. La Iglesia Católica se transformó mucho en el siglo XX, y ha entablado y trata de mantener desde entonces un diálogo con las otras iglesias. ¿Le parece que el proceso está resultando exitoso? ¿Qué futuro puede tener el ecumenismo?

R de M: No creo que tenga futuro. La raíz del problema está en que no hay un sistema de creencias común entre los protestantes, mientras que el de la Iglesia Católica no ha cambiado en 2000 años. Una de los rasgos esenciales de la fe católica es su carácter permanente. La Reforma protestante es todo lo contrario. Después de Lutero vino Zwinglio, luego Calvino, después los anabaptistas, a los que han seguido millares de grupos desde entonces. La historia del protestantismo es una historia de cambios. El obispo francés Bossuet, excelente teólogo, escribió en el siglo XVII un libro titulado Historia de las variaciones de las iglesias protestantes. En este sentido, el protestantismo se parece al islam. Tampoco hay unidad en el islam. No hay una doctrina coherente, sólo grupos y tendencias. El único diálogo correcto con los protestantes, al igual que con los ortodoxos y los musulmanes, debe conducirse por la vía de promover la unidad, en torno al Papao. Y así llegamos a otro tema crucial: que la crisis actual de la Iglesia afecta al centro de la unidad, que es el papado.

F y H: ¿Qué entiende por la crisis del papado y de la Iglesia? El papa Francisco se muestra como un dirigente eclesiástico popular y abierto que se atreve a aprovechar los medios de comunicación social, y puede así comunicar eficazmente su mensaje.

R de M: En la Iglesia hay una crisis de fe y de moral. Un obispo que participó en el Sínodo sobre la Familia me dijo que durante las reuniones hubo graves problemas internos. Lo normal es que situaciones así las resuelva siempre el Papa. Él es la cabeza, el representante de Cristo en la Tierra, y su deber es tener siempre la última palabra en las disputas y situaciones críticas. Desgraciadamente, parece que ahora el papado está aquejado por los síntomas de crisis de que hablamos, que por supuesto tiene muchas otras motivaciones históricas.

F y H: Ha mencionado el Sínodo de la Familia. En el siglo XXI muchos, y desde numerosos lugares, hablan de crisis en la institución de la familia. Por esa razón, el papa Francisco convocó un sínodo con miras a encontrar la solución a los interrogantes que se están planteando. ¿Qué tiene ello de malo? ¿No es una reacción rápida que debe ser bien recibida?

R de M: Como es natural, no tiene nada de malo que el Papa convoque un sínodo para solucionar un problema. Ahora bien, con sínodo o sin él, como jefe de la Iglesia Católica, podía haber expresado unas ideas claras que indicaran el camino a las familias en crisis. ¿Y qué ha pasado desde 2014? Se ha desatado el caos. La exhortación apostólica del Papa Amoris Laetitia, que se publicó después de los sínodos, es un documento ambiguo en extremo que genera una tremenda confusión en la Iglesia. Basándose en ese documento, el obispo alemán Müller afirmó que las enseñanzas de la Iglesia no han cambiado lo más mínimo, que la institución del matrimonio sigue siendo inseparable.

F y H: Si los obispos interpretan arbitrariamente una enseñanza, ¿por qué la culpa es del Papa?

RM: No nos referimos a la oposición de unos pocos prelados. El cardenal Marx no es el único que piensa así. Y lo que es peor, mientras tanto, los cristianos de a pie no entienden lo que pasa. Un católico polaco puede oír decir a su obispos que los divorciados vueltos a casar no pueden recibir la Sagrada Comunión, pero luego va a Alemania y le dicen lo contrario. La doctrina católica no se debe cambiar, deber ser la misma en todas partes. El Papa, como Vicario de Cristo, es el único que puede decidir públicamente en este debate. Hablamos de temas fundamentales que nos parecen delicados. Francisco no ha dado ninguna orientación clara en los últimos dos años. Entre otras cosas, su labor consiste en consolidar a los creyentes en la fe y gobernar la Iglesia. Por el contrario, vemos que dice algo en una entrevista, luego saca media frase de una homilía suya, o en casos concretos escribe una carta privada a los obispos de un país determinado. Todo ello suscita confusión y controversia. El papa Francisco tiene el deber de manifestarse públicamente y sin ambigüedades en cuanto a los asuntos polémicos.

F y H: Si no he entendido mal, la mayoría de las controversias tienen que ver con una nota a pie de página de Amoris Laetitia que algunos interpretan como un resquicio que permitiría administrar la comunión a los divorciados vueltos a casar.

R de M: Cuarenta y cinco teólogos dirigieron al Santo Padre una carta relativa a dicho documento, y no se limitaron a criticar una nota aislada a pie de página. Y en el texto hay más problemas todavía. Si cuatro cardenales escriben al Papa expresándoles su preocupación por unas afirmaciones dudosas que se hacen en el documento, hablamos de algo más que una simple nota a pie de página. Aparte de que los cuatro cardenales que han tomado públicamente esa iniciativa no son sino el rostro visible de todos los demás que comparten su preocupación.

F y H: Hasta ahora el papa Francisco ha dado la callada por respuesta. ¿Ve usted alguna posibilidad de que diga algo?

R de M: Estas cuestiones deben aclararse sin más dilación. Quién sabe si Sumo Pontífice dirá algo pronto. Lo  que sí sé es que en los próximos meses quedará claro.

F y H: ¿Sabe de algún grupo de cardenales que estén pensando intervenir en un futuro previsible para resolver este caso?

R de M: Conozco a muchos cardenales que respaldan las dubia, aunque su firma no figure en el documento. También he hablado con ellos. Es posible que pronto emprendan alguna iniciativa.

F y H: El último de los tres años que mencionó en su conferencia es 1917, en que no sólo se conmemora el centenario de la Revolución Bolchevique, sino también el del comienzo de las apariciones de Fátima. A este respecto, señaló que los mensajes que se recibieron entonces son importantes para la humanidad aunque se trate de revelaciones privadas. ¿Cuál es el mensaje de Fátima, considerado un siglo después?

R de M: Aunque nuestra Madre del Cielo se apareció a comienzos del siglo XX, tal vez resulte más claro hoy lo que les dijo a aquellos tres sencillos pastorcitos. La esencia del mensaje era que si no se consagraba Rusia a su Inmaculado Corazón, dicho país propagaría sus falsas doctrinas por el mundo, siguiéndose guerras y la persecución de la Iglesia.

A pesar del colapso de la Unión Soviética, esas falsas doctrinas están más extendidas que nunca por el mundo, dado que dado que el núcleo del marxismo lo constituyen el materialismo dialéctico y el relativismo.

En esa ideología no hay estabilidad ni constancia, sino pura evolución. Hoy en día la dictadura del proletariado ha sido sustituida por la dictadura del relativismo. Tal es la situación actual de la sociedad occidental. Nos corresponde, por tanto, aportar el antídoto cristiano a esta situación.

F y H: A primera vista parece que esta batalla ha terminado en el mundo occidental. En lo político y lo social, la tendencia o corriente relativista se ha impuesto sin que se le oponga particular resistencia.

R de M: Puede ser. Desgraciadamente, esos errores han afectado a la propia Iglesia Católica. Por otro lado, aquí en Europa existe la errónea impresión de que todo lo malo proviene de Estados Unidos. Las raíces de todas las ideologías falsas hay que buscarlas en el Viejo Continente. Cuando en 1968 estallaron las revueltas estudiantiles en Berkeley, que fue uno de los centros donde se inició la insurgencia en California, ¡en realidad su trasfondo ideológico estaba en la Escuela de Frankfurt! Algunos integrantes de ésta, como Adorno, se basaron en Marx y en el ejemplo de Rusia. También es interesante saber que el proyecto LGBT y la teoría de género surgen en Alemania. Desde luego, Estados Unidos es el más destacado propagador de todo ello, pero la fuente siempre está en Europa y en Rusia. El aborto se legalizó primero en Rusia, cincuenta años antes que en EE.UU. Por eso no estoy de acuerdo con los que ven en EE.UU. el origen de todos los males. Gramsci era desgraciadamente italiano, Marx, alemán y Lenin ruso.

F y H: La solución, si la hay, ¿podría venir sólo de Europa?

R de M: La solución sólo podría venir de Roma, de la Iglesia católica. Lo que no sé a ciencia cierta es si vendrá durante el reinado del papa Francisco. Antes, cuando yo leía que según los mensajes de Fátima Rusia propagaría su falsa doctrina por el mundo, lo entendía en un sentido geográfico. Ahora veo claramente que no podemos hablar sólo de propagación política y cultural. El proceso revolucionario se ha infiltrado en su mayor antagonista, que es la Iglesia Católica. A mi juicio, esto hace mucho más visible la realidad de los mensajes de Fátima. El papa Francisco se sirve de un estilo o una retórica marxista en sus discursos. Hace unos días, y refiriéndose a los ataques perpetrados contra los cristianos coptos de Egipto [en una entrevista del 14 de abril, N. del E.] el Santo Padre puso de relieve que el principal motivo y origen de dichos ataques está en el tráfico de armas. Hablaba de intereses materiales o económicos, pero estaba claro que se trató de un ataque terrorista con un móvil religioso. El papa no es marxista, pero su retórica y sus conclusiones sí.

La única solución verdadera sólo puede venir de la Cristiandad.

F y H: Usted ha mencionado numerosas veces el islam, que de diversas maneras pero cada vez con más intensidad está presente en Europa. Siendo como es padre de seis hijos, ¿qué futuro prevé para ellos?

R de M: Teniendo en cuenta solamente los aspectos humanos, el futuro de Europa no es muy halagüeño. La crisis demográfica, de la que tanto hablamos, es consecuencia de una crisis moral. Hemos olvidado o desechado nuestros propios valores. Siempre se está a favor del hedonismo y el relativismo, cuyos frutos ya son visibles. Inversamente, la inmigración está trayendo a Europa ingentes masas de musulmanes. Esa forma silenciosa y pacífica del islam es mucho más peligrosa que la versión violenta, porque esta última, con ataques terroristas suicidas, puede suscitar  reacciones psicológicas   en la sociedad y despertar a la gente.

F y H: En los últimos años ha habido muchos ataques terroristas espeluznantes por toda Europa.

R de M: Y más que vendrán. Hay dos clases de islam. El primero es la versión violenta, leninista podríamos decir, que intenta hacerse con el poder y retenerlo por medios violentos. Y hay otra versión que utiliza como arma la sustitución demográfica. Desde la perspectiva europea, son dos problemas cuya solución todavía desconocemos.

El islam es una religión que odia el cristianismo. Europa se definió a sí misma como cristiana durante más de quince siglos, y también se ha enfrentado al islam calificándose como tal. Ahora falta eso, y asistimos por tanto a la superioridad que va adquiriendo el islam.

F y H: Muchos políticos y obispos europeos insisten en que se debe reaccionar cristianamente ante la inmigración.

R de M: Exactamente. Ahí está el quid de la cuestión. Esa actitud de los políticos y los obispos es errónea y no tiene en cuenta la mentalidad belicosa de la que hablaba, la cual al fin y al cabo contribuye a la ruptura. No me cabe duda de que la Iglesia es lo bastante fuerte para iniciar la resistencia y combatir la mentalidad progre y a los enemigos de la fe y la propia Iglesia. Si hacemos nuestra parte, podremos transformar la mentalidad de los europeos y organizar la ofensiva contra los enemigos externos. Con todo, sabemos que vivimos tiempos excepcionalmente inciertos. La situación en Oriente Próximo y sus implicaciones internacionales suponen un verdadero peligro que podría desembocar en una guerra. Guerra que, en ese caso, podría alterar totalmente la situación.

F y H: En estos momentos conversamos en Roma un Viernes Santo. Si le he entendido bien, el mundo occidental también está viviendo su viernes santo. ¿Qué me puede decir de su resurrección?

R de M: La falsedad sólo puede imponerse cuando la verdad se esconde en las sombras. Para que triunfe la verdad no hacen falta recursos económicos ni superioridad numérica; sólo es necesaria una cosa: integridad. Fidelidad. El Señor nunca guarda silencio ni adopta una actitud pasiva con relación a nosotros. La raíz del problema está en la infidelidad de Occidente. Debemos confiar en la gracia de Dios, porque Nuestra Señora de Fátima prometió que su Corazón Inmaculado triunfaría. Es una promesa clara y firme. No sabemos exactamente cuándo se cumplirá; si en un año, o si de aquí a diez… No podemos hacer predicciones en este sentido. Lo que sí creo es que el centenario reviste una gran importancia.

(Traducido por J.E.F. Fuente)

Fuente: Adelante la Fe

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