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´Derechos´ de los homosexuales: ¿Persecución religiosa en gestación?
Ultima Modificacion: 2012-10-21 05:35:52

Llamado a la resistencia legal y de conciencia 


 

La Corte Constitucional se transformó en el mayor instrumento para el triunfo de la nueva Revolución cultural anti-cristiana. Esta consolidando  lo que ni siquiera el narco-terrorismo comunista logró



Los colombianos vemos con asombro el alud de fallos que la Corte Constitucional viene emitiendo en contra de los valores morales y hábitos tradicionales de nuestra sociedad.

 

De hecho, en una semana, han ordenado instruir a nuestros escolares en el supuesto derecho de abortar para, acto seguido, anunciar el inminente fallo a la demanda interpuesta por representantes de los lobbies homosexuales, que pedían modificar el artículo 113 del Código Civil, el cual define el matrimonio como “un contrato por el cual un hombre y una mujer se unen con el fin de vivir juntos, procrear y auxiliarse”. Con esta demanda, los lobbies homosexuales pretenden validar la unión entre parejas de homosexuales con las mismas prerrogativas del matrimonio tradicional, incluso con el supuesto derecho de adoptar niños.

 

Éste es un paso audacísimo y brutal que consolida por vía legal las pretensiones homosexuales, ya victoriosas desde el año pasado, cuando la misma Corte Constitucional ordenara modificar 42 normas de los códigos Penal, Civil, Disciplinario y el régimen especial de Salud de las Fuerzas Armadas, para establecer la igualdad de condiciones entre el matrimonio tradicional y las parejas homosexuales, declarando exequible aplicar para estos últimos, en todos los campos, la expresión “cónyuges”, pese a que no lo son. Les permite también enseñar en las escuelas públicas infantiles, con obvio y grave peligro de que los menores de edad sean pervertidos, violando el derecho de los respectivos padres de velar por la integridad moral de sus hijos.

 

Amparada en la prohibición simplista dictada contra toda forma de discriminación en razón de la “orientación sexual” y de la igualdad de derechos consagrada por la Constitución de 1991 –y sin considerar que hay discriminaciones legítimas– la Corte Constitucional ha concluido que toda diferencia de trato es discriminatoria.

 

Así, la Corte Constitucional se transformó, hoy por hoy, en el mayor instrumento para el triunfo de la nueva Revolución cultural anti-cristiana, consolidando lo que ni siquiera el narco-terrorismo comunista, con sus extorsiones y crímenes, pudo lograr: una Colombia alejada de su propia identidad cristiana.

 

En el siglo XX, el nazismo y el comunismo demostraron al mundo que, cuando la sociedad pierde sus amarras en el Orden Natural y se entrega a las utopías malsanas, el resultado inevitable es la dictadura, la cual puede tomar muchas formas y ser ejercida también por los organismos judiciales. Es más, tal parece ser hoy la fórmula preferida por los adeptos de la amoralidad, pues los magistrados no están sujetos a la censura de la opinión pública por la vía electoral.

 

 

1.- Incompatibilidad entre los pseudo derechos de los homosexuales y el Cristianismo


a.- Visiones divergentes entre la realidad y el orden natural



Pocas cuestiones ilustran mejor la divergencia profunda, en cuanto a la visión del mundo, entre el Cristianismo, que defiende el Orden Natural, y la Constitución del 91, que se proclama laicista, que el actual conflicto cultural que se ha producido por la pretensión de otorgar “derechos” y aun privilegios a los homosexuales, en contravía a lo que establece la Moral.

 

Por una parte, el laicismo rechaza la cosmovisión cristiana. Y por otra impulsa la utopía de una sociedad sin frenos morales,  pretendiendo redefinir a su antojo el orden social y su célula fundamental, que es la familia, sin prestar atención a lo que está impreso en la naturaleza humana.

 

b.- Los derechos de los homosexuales no son absolutos

 

A respecto de iniciativas legales de carácter similar a la referida sentencia, presentadas en países europeos, la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida entonces por el actual Papa Benedicto XVI, consideró necesario establecer:

 


11. Existen áreas en las que no es una discriminación injusta tener en cuenta la inclinación sexual, por ejemplo, en la adopción o cuidado de niños, en empleos como el de maestros o entrenadores de deportes y en el reclutamiento militar.


12. Las personas homosexuales, como seres humanos, tienen los mismos derechos de toda persona, incluyendo el no ser tratados de una manera que ofenda su dignidad personal (cf. n. 10). Entre estos derechos, toda persona tiene el derecho al trabajo, a la vivienda, etc. Pero estos derechos no son absolutos; pueden ser limitados legítimamente ante desórdenes externos de conducta. Esto a veces es no sólo lícito sino obligatorio, sobre todo en el caso de conducta culpable e incluso en el de enfermedad física o mental. (...)


13. El incluir "la orientación homosexual" entre las consideraciones sobre cuya base está el que es ilegal discriminar, puede fácilmente llevar a considerar la homosexualidad como una fuente positiva de derechos humanos, por ejemplo, respecto a la denominada "acción afirmativa", y la necesidad de llenar ciertas cuotas en los puestos de empleo. Esto agrava el error ya que no existe el derecho a la homosexualidad (cf. n. 10) y por tanto no puede constituir la base judicial para reclamaciones.” [1]

 

c.- Los pseudo derechos homosexuales dañan el bien común:

 

De otro lado, los activistas homosexuales y sus aliados laicistas repiten con frecuencia el sofisma de que no hay problema en legalizar los derechos de los homosexuales, pues ello no implicaría ningún cambio en el orden social, porque homosexuales y heterosexuales podrían coexistir pacíficamente.

 

Alertando a los fieles contra este sofisma, la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 31 de Julio de 2003, difundió un documento en el que precisa varios de los efectos sociales nefastos que surgen de la legalización de las uniones homosexuales, lo que se puede aplicar enteramente a los pseudo derechos homosexuales.

 

Teniendo en cuenta que las leyes terrenales influyen en la sociedad enseñando qué cosas son moralmente aceptables, afirma:

 

 “En esta área, se necesita primero reflexionar sobre la diferencia entre el comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo comportamiento como una relación en la sociedad, prevista y aprobada por la ley, al punto de convertirse en una de las instituciones de la estructura legal. Este segundo fenómeno es no sólo más serio, sino también toma un alcance y una influencia profunda, que dan lugar a cambios en toda la organización de la sociedad, contrariamente al bien común. Las leyes civiles estructuran los principios de la vida del hombre en sociedad, para el bien como para el mal. Ellas “desempeñan un papel muy importante y a veces decisivo al influenciar los patrones del pensamiento y del comportamiento”. Las formas de vida y los presupuestos subyacentes que ellas expresan no sólo conforman la vida de la sociedad, sino también tienden a modificar la opinión y la evaluación de las generaciones más jóvenes sobre las formas de comportamiento. El reconocimiento legal de las uniones homosexuales obscurecería ciertos valores morales básicos y causaría una degradación de la institución del matrimonio”.

 

“…La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales será la redefinición del matrimonio, que se transformará, en su status jurídico, en una institución desprovista de una referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad; por ejemplo, la procreación y la educación de los hijos. Si, desde punto de vista legal, el matrimonio entre un hombre y una mujer fuera considerado sólo una forma posible de unión, el concepto de matrimonio experimentaría una transformación radical, con grave detrimento del bien común. Poniendo las uniones homosexuales en un plano legal análogo al matrimonio y a la familia, el Estado actúa arbitrariamente y en contradicción con sus deberes”.[2] 



2.-Tomando una actitud de principios y no una tesis personal

 

La presente Declaración no tiene ninguna intención de difamar o de desacreditar a persona alguna. No estamos movidos por un odio personal contra nadie. Al hacer una oposición intelectual a individuos o a organizaciones que promueven la agenda homosexual, nuestro único fin es defender el matrimonio tradicional, la familia y los restos preciosos de la Civilización Cristiana en nuestra Patria.

 

 

3.- Persecución religiosa en gestación



Los “derechos” que a los homosexuales se reconozca ahora, colocarán a la sociedad colombiana en una incompatibilidad de conciencia entre los valores morales cristianos que la inspiran y el nuevo “orden” laicista que le es impuesto, lo cual abrirá camino a leyes que penalicen todas las discriminaciones, incluso las justas y necesarias.

 

Ésa es la verdadera meta del laicismo y del movimiento homosexual, el cual, al imponer sus supuestos “derechos” a los colombianos, dejan cada vez más claro lo que el activista homosexual Paul Varnell escribió en el “Chicago Free Press”: “El movimiento homosexual, lo reconozcamos o no, no es un movimiento en favor de los derechos civiles, ni siquiera un movimiento de liberación sexual, sino una revolución moral dirigida a producir un cambio de opinión de la gente sobre la homosexualidad.[3]


 

4.- Jóvenes universitarios católicos llaman a una resistencia de conciencia y legal frente a los pseudo derechos homosexualesy ante el movimiento homosexual.


               

a.- A los católicos: es un deber oponerse

 

Las Consideraciones de la Sagrada Congregación reproducidas más arriba, indican que se debe hacer todo lo posible para oponerse a la legalización del “matrimonio” homosexual, lo que se aplica también a los pseudo derechos homosexuales, tomando en consideración los siguientes puntos:

 

  • La aprobación o la legalización del mal es algo muy diferente de la tolerancia del mismo mal;
  • Se debe cohibir cualquier clase de cooperación formal en la elaboración o en la aplicación de esas leyes gravemente injustas a favor de la homosexualidad;
  • La cooperación material a nivel de su aplicación debe ser evitada;
  • Se puede incluso recurrir al derecho a la objeción conciencia;
  • Donde se hayan legalizado las uniones homosexuales la oposición clara y enfática a esa norma es un deber para los cristianos. [4]


Las Consideraciones arriba citadas explican la base moral de esta resistencia, diciendo: “la ley civil no puede contradecir la recta razón sin perder su fuerza obligatoria en conciencia” (Encíclica Evangelium Vitae, no. 72). Cada ley debe “estar de acuerdo con la ley moral natural reconocida por la recta razón, y en cuanto respeta los derechos inalienables de cada persona”.[5]


Los católicos no comprometidos en la vida política deben involucrarse,  apoyando todo esfuerzo legal para evitar un fallo aberrante sobre tan delicada materia, o promoviendo peticiones, escribiendo cartas a los periódicos y entrando en contacto con los políticos elegidos o designados para cargos públicos para oponerse a los proyectos de ley que vengan a reglamentar ese fallo. Cuando las libertades y el Cristianismo en sí mismos están en peligro, el ausentismo, la indiferencia y la abstención no son opciones válidas.

 

Debemos, pues, hacer uso del derecho a la objeción de conciencia y rechazar toda cooperación formal o material en la aplicación del fallo en referencia.

 

Es posible que, como efecto de nuestra acción, suframos persecución, como la que afectó a la Dirección del Colegio Leonardo da Vinci de Manizales, que fue blanco de un torpe ataque publicitario de los medios de comunicación, de políticos de destaque y del mismo Ministerio de Educación, por el mero hecho de excluir del plantel educativo a dos alumnas que hacían alarde público de su lesbianismo, obviamente para arrastrar a otras alumnas a la misma actitud.

 

En tal caso, deberemos denunciar esa injusticia públicamente. Esto se puede hacer entrando en contacto con la prensa, en manifestaciones públicas, con asociaciones de abogados o con las entidades o movimientos que dan asistencia en la defensa de los propios derechos.

 

b.- A nuestros políticos católicos: tienen una obligación concreta    


La Sección IV de las Consideraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, titulada “Posiciones de políticos católicos con respecto a la legislación en favor de uniones homosexuales”, acentúa la obligación de los parlamentarios católicos de oponerse a tal legislación: “Si es verdad que todos los católicos están obligados a oponerse a la legalización de las uniones homosexuales, los políticos católicos están obligados a hacer esto de una manera particular, en armonía con su responsabilidad como políticos…El legislador católico tiene un deber moral de expresar su oposición clara y públicamente y de votar contra ella. Votar a favor de una ley tan dañina al bien común es gravemente inmoral.


Algunos católicos elegidos o designados para cargos públicos han invocado el principio laicista de la separación de la Iglesia y del Estado como una excusa para ignorar la moral católica en su vida pública. Lo que realmente hacen es separar, en sus personas, “al católico” del “funcionario”; separación ésta que viola la unidad del ser y las premisas de la moral y de la lógica. Todo hombre es juzgado por Dios según sus pensamientos, palabras, hechos y omisiones, y por lo tanto, en la unicidad de su personalidad.

 

c.- A nuestros Obispos:


Como fieles decimos a nuestros Pastores: agradeciendo las orientaciones ya dadas en esta materia, les pedimos filialmente que se empeñen a fondo en ahuyentar los lobos que embisten contra la Fe y la Moral y hagan cesar la terrible amenaza que se cierne sobre nuestras conciencias.

 

 

 




 

Conclusión


Las posiciones están bien claras, es un choque de dos visiones del mundo: por un lado, los que aún defienden la Ley Moral; por otro, la revolución homosexual y sus secuaces laicistas, que pretenden destruir el Orden Cristiano. La así llamada Guerra Cultural se está convirtiendo gradualmente en una guerra religiosa, ya que no se puede modificar la lex agendi (reglas de la moral) sin modificar la lex credendi (reglas de la Fe) dada la relación profunda entre ambas.

 

Nuestra Señora advirtió en Fátima que el pecado pesa mucho en las balanzas de la justicia de Dios. “Dios no se dejará escarnecer” (Gal. 6:7). Actuando de modo enérgico y con Fe en esta lucha, atendemos al pedido maternal de la Santísima Virgen de verdaderamente ser una nación sumisa a Dios. La elección es nuestra.

 

Quiera Nuestra Señora de Chiquinquirá, Reina y Patrona de Colombia, ayudarnos a todos a cumplir con nuestro deber, por completo y en conformidad fiel con la enseñanza perenne e inmutable de la Santa Madre Iglesia sobre la maldad intrínseca de los actos homosexuales y sobre la ilicitud de convertir a ese vicio en un factor de privilegio y dominio de quienes lo tienen, sobre el resto de la sociedad. Esto es absolutamente inaceptable.

Bogotá, 19 de Agosto de 2010

 

Luis Fernando Escobar Duque
Centro Cultural Cruzada

 

 



 

Únete a nosotros...

ayudando a recolectar firmas para la carta abierta dirigida a la Corte Constitucional solicitando votar contra la legalización del pseudo matrimonio homosexual. Esta carta hace también un llamado a los Obispos y a la clase política para que levanten una barrera en defensa de la moral pública.

 

Las  planillas pueden solicitarse a:

 

Centro Cultural Cruzada

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TEMAS RELACIONADOS


[1] Consideraciones para la respuesta católica a propuestas legislativas de no discriminación a homosexuales (23 de julio de 1992) Congregación para la Doctrina de la Fe.
[2] http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20030731_homosexual-unions_sp.html
[3] Paul Varnell, “Defending Our Morality,” Chicago Free Press, Agosto. 16, 2000.  www.indehomosexualforum.org/authors/varnell/varnell37.html
[4] “La Fe significa las doctrinas especulativas de la Revelación; la moral, las doctrinas prácticas de la Revelación… [En] la medida en que a la obligación del asentimiento se refiere, no habiendo ninguna diferencia entre ellas”. J. Harty, s.v. “Definición teológica,” en la Enciclopedia Católica (1908), vol. 4, P. 676. 
[5] Ver Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, I-II, Q. 95, A. 2.  

 

 

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