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El destino del hombre se decide ordinariamente en la juventud
Ultima Modificacion: 2010-10-26 12:58:50

San Juan Bosco, El joven cristiano in San Juan Bosco – Obras fundamentales, B.A.C., Madrid, 1995, pp. 512-513. 

 


Dos son los lugares que en la otra vida tenemos preparados: el infierno para los malos, donde se sufre todo mal, y el paraíso para los buenos, donde se disfruta de todo bien. Pero el Señor os advierte que, si comenzáis a ser buenos en la juventud, lo seréis en el resto de la vida, que será coronada con una felicidad de gloria. Al contrario, una mala vida, empezada en la juventud fácilmente duraría hasta la muerte y acabaría por introduciros inevitablemente en el infierno.

 

Por consiguiente, cuando veáis hombres de edad avanzada dados a los vicios de la embriaguez, del juego o de la blasfemia, podéis creer en general que han adquirido esos malos hábitos desde la juventud. El hombre sigue en la vejez el mismo camino que emprendió en la adolescencia.¡Ah, hijo mío!—dice el Señor—. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud.


Y en otro pasaje llama bienaventurado el hombre que desde su adolescencia empezó a llevar el yugo de sus mandamientos.

 

Los santos han conocido esta verdad, especialmente Santa Rosa de Lima y San Luis Gonzaga, quienes, habiendo comenzado a servir fervorosamente a Dios desde la más tierna edad, no encontraron placer más tarde sino en las cosas de Dios, llegando así a ser grandes santos. Lo mismo puede decirse del hijo de Tobías, el cual fue en todo y siempre obediente y sumiso a sus padres; y, al morir ellos, él siguió viviendo virtuosamente hasta la muerte.

 

Pero algunos dirán: “Si empezamos a servir ahora al Señor, nuestra vida será triste y melancólica”. De ninguna manera. Puedo contestaros que quien vivirá en la tristeza será el que sirva al demonio, pues, por más que se esfuerce en mostrarse contento, el corazón le llorará diciéndole: “Eres infeliz porque eres enemigo de Dios”. ¡Quién más afable y feliz que San Luis Gonzaga! ¡Quién más alegre y de mejor humor que San Felipe Neri! No obstante, sus vidas fueron un continuo ejercicio de todas las virtudes.

 

Ánimo, pues, hijos míos, comenzad todos a practicar la virtud y yo os aseguro que vuestro corazón estará alegre y contento y experimentaréis cuán dulce y agradable es servir al Señor. 

 

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