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EL MENSAJE DE FÁTIMA
Ultima Modificacion: 2010-10-05 04:06:33

La divulgación de los secretos

  

El 17 de diciembre de 1927 la Hna. Lucía se acercó al sagrario, en la capilla de la Casa de las Doroteas, en Tuy, para preguntar a Nuestro Señor cómo cumpliría la orden del confesor de poner por escrito algunas gracias recibidas de Dios, si en ellas estaba encerrado el secreto que la Santísima Virgen le había confiado. Jesús, con voz clara, le hizo oír estas palabras: — Hija mía, escribe lo que te piden; y todo cuanto te reveló la Santísima Virgen en la aparición en que habló de esta devoción (al Inmaculado Corazón de María) escríbelo también; en cuanto al resto del secreto continúa en silencio.

  

 

 

 

Mons. José Alves Correia da Silva, obispo de Leiría, muestra en 1944 la carta que acababa de recibir de la hermana Lucía, conteniendo el tercer secreto de Fátima

 

 


Tras la orden así recibida, la Hna. Lucía reveló lo que había sucedido en la aparición de junio. Posteriormente, en 1941, cuando el obispo de Leiría le ordenó recordar todo lo que pudiera interesar en la historia de la vida de Jacinta, para una nueva edición que querían mandar imprimir, la vidente, una vez obtenida licencia del cielo, reveló dos de las tres partes del secreto de julio. Estas son sus palabras: “El secreto consta de tres cosas distintas, dos de las cuales voy a revelar”

  

La primera fue, pues, la visión del infierno.

  

Y sigue la narración de las dos partes del secreto, conforme las hemos reproducido al relatar la aparición de julio. [...]

 

En cuanto a la tercera parte del secreto, la vidente la escribió en la Casa de las Doroteas, en Tuy (España), el día 3 de enero de 1944, en una hoja de papel de carta rayada (doblada al medio, de modo a constituir un folio de cuatro páginas, en el formato aproximado de 12 x 18 cm., con 16 líneas por página). Se sabe que la Hna. Lucía lo hizo a instancias del obispo de Leiría, con ocasión de una grave enfermedad que padeció [...].

 

El día 13 de mayo del 2000, en la explanada del Santuario de Fátima, el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, fue incumbido por Juan Pablo II de anunciar la histórica decisión de hacer público el Secreto. Sirvió de cuadro de fondo para el anuncio la beatificación de los videntes Francisco y Jacinta, que el Santo Padre hacía en ese día, habiéndose movilizado especialmente de Roma a Fátima para ello.

 

La publicación del Secreto debía hacerse acompañada de un “adecuado comentario” —según palabras del cardenal Sodano— de lo cual quedó encargada la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ésta, el día 26 de junio del 2000, dio a luz el documento titulado El mensaje de Fátima, distribuido con gran despliegue publicitario en la Sala Stampa del Vaticano y vía Internet, en seis idiomas (alemán, español, francés, inglés, italiano y portugués). La sesión en la Sala Stampa fue presidida por el mismo cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación, acompañado de Mons. Tarcisio Bertone, Arzobispo emérito de Vercelli y Secretario de la Congregación, y transmitida en directo por la cadena de televisión estatal italiana y otras emisoras de televisión de todo el mundo.     

 

Las revelaciones contienen la:

 

Primera Parte del Secreto

Segunda Parte del Secreto

Tercera Parte del Secreto

 

  

 


 

 

 

 

 

 Primera Parte del Secreto

La Visión del Infierno 

 

 Continúa la narración de la Hna. Lucía sobre la Tercera Aparición de la Santísima Virgen:

  

“Al decir estas palabras  de nuevo abrió las manos como en los meses anteriores. El reflejo [de luz que ellas irradiaban] pareció penetrar la tierra y vimos como un mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que flotaban en el incendio llevados por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados –semejante al caer de las chispas en los grandes incendios– sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa” 

Foto de los niños después de la visión del infierno Foto sacada por el Ing. Mario Godinho, después de la visión del infierno. El terror se refleja aún en sus rostros.

 

 

 

 

 

La visión duró apenas un instante, durante el cual Lucía soltó un “¡ay!”. Ella comenta que, si no fuese por la promesa de Nuestra Señora de llevarlos al cielo, los videntes habrían muerto de susto y pavor.

 

Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, p. 43)

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

Segunda Parte del Secreto
El anuncio del castigo y los medios para evitarlo

 

 

Asustados, pues, y como pidiendo socorro, los niños levantaron sus ojos hacia Nuestra Señora, que les dijo con bondad y tristeza:

 

“Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.


Si hacen lo que Yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz.

La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. (1) Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. (2)  


Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los primeros sábados. Si atienden mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.(3) 


En Portugal se conservará siempre el Dogma de la Fe.


Esto no se lo digáis a nadie. A Francisco sí, podéis decírselo.” 

  

NOTAS DEL AUTOR

 

1.           En las declaraciones prestadas en febrero de 1946 al padre montfortiano holandés Iongen, la Hna. Lucía confirmó haber oído a Nuestra Señora pronunciar el nombre de Pío XI, no sabiendo, en la ocasión, si se trataba de un Papa o de un Rey.

 

Para la Hna. Lucía no representa mayor dificultad el hecho de entenderse habitualmente que la guerra comenzó solamente bajo el pontificado de Pío XII. Observa ella que la anexión de Austria –y podríamos añadir varios otros acontecimientos políticos del fin del reinado de Pío XI– constituye un auténtico prolegómeno de la conflagración, la cual se configuraría enteramente como tal algún tiempo después. 

 

2.           La Hna. Lucía juzgó ver “la gran señal” en la luz extraordinaria –que los astrónomos tomaron como aurora boreal– que iluminó los cielos de Europa en la noche del 25 al 26 de enero de 1938 (desde las 20:45 hasta la 1:15, con breves intermitencias). Convencida de que la guerra mundial –que “había de ser horrible, horrible”– iba a comenzar, redobló los esfuerzos para obtener que se atendiesen los pedidos que, como se verá en el capítulo IV, le habían sido comunicados. Escribió una carta directamente al Papa Pío XI, en ese sentido.

 

3.           La frase “En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe” terminaba, en el manuscrito de la Hna. Lucía, con un “etc. ...”. Al escribir esta IV Memoria, la Hna. Lucía declara explícitamente que “exceptuando la parte del secreto que por ahora no me es permitido revelar, diré todo, advertidamente no dejaré nada” (p. 316). Se llegaba así fácilmente a la conclusión de que la tercera parte del Secreto se insertaba precisamente aquí.

 

Hecha por fin esa revelación, el día 26 de junio del 2000, la frase en cuestión debe, pues, ser considerada, salvo ulteriores esclarecimientos, como conclusiva de la segunda parte del Secreto, y no como la frase inicial de la tercera parte, conforme se llegó a pensar. Lo declaró expresamente el Arzobispo Mons. Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la presentación del documento en la Sala Stampa del Vaticano, en la fecha arriba referida.

 

Lo que esa frase tiene de interesante es que, colocada de ese modo al final del segundo Secreto, parece quedar suelta en el aire, lo que llevaba a los lectores a la idea de que el tercer Secreto sería una explicación de ella. Como el tercer Secreto ahora revelado constituye algo de naturaleza bien diferente–una visión y no un texto discursivo– se impone releer el segundo Secreto tomándola como frase final.
Ahora bien, los “fatimólogos”, de modo casi unánime consideran que, una vez que la Virgen ha juzgado necesario mencionar el hecho de que en una nación –Portugal– el dogma de la Fe siempre se conservaría (lo que, por lo demás, no excluye que, en esa misma nación, recibiese duros golpes), ello quiere decir que una gran crisis de fe afectaría al mundo entero. 

 


Una crisis de fe de tales proporciones desemboca naturalmente en una crisis de la Iglesia, o más bien, está en la raíz misma de una crisis de la Iglesia.

 


El hecho que la tercera parte del Secreto, ahora revelada, no contenga tal explicación, en nada invalida este análisis; basta tener ojos para ver y oídos para oír. Libros voluminosos ya se han escrito sobre el asunto. Para efectos de este comentario es suficiente recordar los célebres pronunciamientos de Paulo VI sobre el proceso de autodemolición instalado en la Iglesia durante la crisis post-conciliar (Alocución del 7 de diciembre de 1968 a los alumnos del Seminario Lombardo) y la terrible sensación del Pontífice de que, después del Concilio, “por alguna fisura haya penetrado la humareda de Satanás en el templo de Dios” (Alocución del 29 de junio de 1972, en la conmemoración de la Fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo). También Juan Pablo II se refirió en diversas ocasiones a esa crisis, y en un documento solemne denunció los graves errores doctrinarios y prácticos en el campo moral, que entraron a circular en la Iglesia “en el ámbito de las discusiones teológicas post-conciliares” (EncíclicaVeritatis Splendor, del 6 de agosto de 1993, §29).

 

¿Qué nexo establecer entre esa crisis y lo que está dicho en el cuerpo de la segunda parte del Secreto?

 

Uno de los aspectos más espantosos de la crisis de la Iglesia es justamente el de la infiltración izquierdista en los medios católicos. Ese aspecto ya era tan alarmante en 1968, que en ese año 1.600.368 brasileños, 266.512 argentinos, 121.210 chilenos y 37.111 uruguayos suscribieron un mensaje a S.S. el Papa Paulo VI pidiendo urgentes medidas para contener tal infiltración (las memorables recolecciones de firmas fueron promovidas por las Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad de los respectivos países).

 

Sería, por lo demás, muy limitativo restringir los errores del marxismo a los aspectos económicos, sociales o políticos. Su igualitarismo radical es de naturaleza metafísica y afecta todas sus concepciones antropológicas, morales y, paradójicamente, teológicas (a pesar de su fundamental ateísmo). Por eso, en 1984, la Congregación para la Doctrina de la Fe se vio en la obligación de denunciar, en un documento de amplia repercusión, la infiltración de errores marxistas hasta en ciertas corrientes de la Teología de la Liberación.

 

Ahora bien, el comunismo es exactamente el flagelo con el que Dios quiso castigar al mundo por sus crímenes. Nuestra Señora dice, en la segunda parte del Secreto, que “Rusia esparcirá sus errores por el mundo”. Cuando vemos que esos errores alcanzaron la nave sacrosanta de la Iglesia Católica, se vuelve clara la correlación entre el núcleo del segundo Secreto y su frase final, referente a la conservación de la fe en Portugal, que devela a nuestros ojos la crisis en la Iglesia.

 

Así, es lícito pensar que, si Nuestra Señora no juzgó necesario explicar detalladamente esa crisis, sin embargo Ella nos dejó, en su maternal bondad, una simple frase a partir de la cual no sólo los teólogos experimentados, sino hasta los simples fieles instruidos pueden deducir la existencia de unacrisis de la fe – crisis de la Iglesia y abrir los ojos a ella.

 

De ese modo, una frase aparentemente suspendida en el aire –“En Portugal se conservará...”– es rica en sentido y contenido, y nos alerta sobre una punzante realidad que, sin esa frase, muchos tal vez no supiesen evaluar en toda su extensión y trascendencia.

 

(Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, pp. 43-47)


  

 

 


  

 

 

  

 

Tercera Parte del Secreto

Visión profética de un castigo inmenso y del gran Retorno de las almas a Dios

 

 

Para facilitar la debida comprensión de esta parte, hemos ordenado a la izquierda el texto del manuscrito de la Hna. Lucía y a la derecha las notas con los comentarios del Dr. Antonio Borelli Machado.

 

Nos parece prudente manifestar aquí que, con la publicación del Tercer Secreto de Fátima no parece haberse agotado el tema. En el mundo católico persisten grandes interrogantes…

 

 


La tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cova da Iría - Fátima.

Escribo en acto de obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiría y de la Santísima Madre Vuestra y mía. 

 

La Hna. Lucía escribe por orden del Obispo de Leiría, Mons. José Alves Correia da Silva, y de la propia Madre de Dios. En su libro Nuevos documentos de Fátima, el R. P. Antonio María Martins S. J. transcribe un documento del acervo del Canónigo Sebastião Martins dos Reis, en el cual se lee: “Según declaraciones escritas de la Madre Cunha Mattos, que fue superiora de la Hna. Lucía en Tuy y que recibiera las confidencias más íntimas de la Vidente, Nuestra Señora apareció a la religiosa el día 2 de enero de 1944 y le indicó escribir la tercera parte del Secreto. Esa aparición se dio porque la Vidente no sabia qué hacer, dado que el Obispo de Leiría le ordenó que lo escribiese y el Arzobispo de Valladolid, que estaba a cargo de la diócesis de Tuy, le decía que no” (op. cit., Ediciones Loyola, São Paulo, 1984, pp. XXV-XXVI).


Primera escena
La amenaza del castigo que pende sobre el mundo

 

Después de las dos partes que ya expuse, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; al centellear, despedía llamas que parecía que iban a incendiar el mundo, pero se apagaban al contacto con el resplandor que de la mano derecha irradiaba Nuestra Señora hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, con voz fuerte dijo: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!

 

“Sor Lucía estuvo de acuerdo en la interpretación según la cual la tercera parte del secreto consiste en una visión profética comparable a las de la historia sagrada, afirma Mons. Bertone en el informe que hizo del coloquio con la vidente el 27-4-2000.
     La visión se divide en tres escenas esquemáticamente distintas, pero que se articulan de un modo muy coherente y profundo. En la primera escena, como destaca el Cardenal Ratzinger en su Comentario teológico, “el ángel con la espada de fuego a la izquierda de la Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis. Representa la amenaza del juicio que pende sobre el mundo”.
     El Ángel –narra la Hna. Lucía– con el cintilar de su espada“despedía llamas que parecía que iban a incendiar el mundo”.Es obvio que el Ángel no iría a ejecutar esa acción por decisión propia, mas que había recibido órdenes de Dios para eso. De donde se deduce fácilmente que el mundo está en una situación espiritual y moral tal que merecería ser castigado por Dios de esa forma. Y, según parece, se trataría de una destrucción total. Así lo interpreta el Cardenal Ratzinger: “La perspectiva de que el mundo podría ser reducido a cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego”.
     El primer punto a ser retenido, por lo tanto, es que la humanidad está de tal manera alejada de Dios y de su Iglesia –lo que se manifiesta claramente por un rechazo teórico y/o práctico de su Doctrina y de su Moral–, que esto envuelve un acto de rebelión contra Dios, merecedor de un castigo supremo. Es fundamental remarcar tal conclusión, pues muchos católicos de hoy, incluso de gran proyección, piensan, hablan y se comportan como si la situación actual del mundo no fuese ésa.

     Sin embargo, Nuestra Señora interviene, y obtiene de Dios que el Ángel no lleve la acción a su término normal, que sería la destrucción del mundo. Las llamas lanzadas por el Ángel en dirección a la Tierra “se apagaban al contacto con el resplandor que de la mano derecha irradiaba Nuestra Señora hacia él”, describe la Hna. Lucía. Lo cual significa que Nuestra Señora tiene designios de misericordia con relación al mundo y quiere darle una oportunidad de salvación. Pero para esto es preciso que la humanidad reconozca su pecado y haga penitencia. Por eso, en el cuadro final de esa escena, “el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, con voz fuerte dijo: ¡PenitenciaPenitenciaPenitencia!”.
     El hecho que el Ángel clame “con voz fuerte” y repita el grito de “Penitencia” tres veces, indica que no se trata de una penitencia hecha con superficialidad de espíritu, sino de una penitencia seria, que implique una conversión profunda. Lo cual, una vez más, denota la gravedad del estado de alejamiento de Dios en que la humanidad se encuentra. La primera escena es, pues, de una coherencia perfecta.


Segunda escena
Una pavorosa catástrofe que deja al mundo medio en ruinas 
y produce víctimas en todas partes, 
inclusive y sobretodo al Papa

 

Y vimos en una inmensa luz que es Dios: “algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él” a un Obispo vestido de Blanco “tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre”. A varios otros Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña escabrosa, en cuya cima había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar ahí, atravesó una gran ciudad media en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas; y así mismo fueron muriendo unos tras otros los Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas y varias personas seglares, caballeros y damas de varias clases y posiciones.




  

     

El mundo aparece ahora semidestruido (“una gran ciudad media en ruinas”). Es forzoso concluir que la intervención de Nuestra Señora impidió una destrucción total, pero no una destrucción parcial. Los hombres obviamente no hicieron la penitencia necesaria: el castigo se desencadenó.
     El personaje central de esta escena es el Santo Padre que, con “varios otros Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas”, va subiendo “una montaña escabrosa, en cuya cima había una gran Cruz de maderos toscos”. Sin embargo, antes de llegar allí, el Papa atraviesa “una gran ciudad media en ruinas, y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino”. La escena es, pues, de una catástrofe sorprendente.
     No sería exagerado calificarla de apocalíptica, como apocalíptico es el Ángel que la desencadenó (siempre haciendo la salvedad de que no se trata del fin del mundo).
     ¿Qué habrá ocurrido? Según la interpretación del Purpurado,“se puede ver representada en esta imagen la historia de todo un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad y están orientados hacia la cruz, también los tiempos son presentados de forma compacta. En la visión podemos reconocer el siglo pasado [el siglo XX]como siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales”.
     En otras palabras, aquello que la visión presenta como una escena única, es, en realidad, una superposición de escenas análogas de persecuciones a la Iglesia y destrucciones (guerras) que se escalonan a lo largo del siglo, y que, lamentablemente, están lejos de haber terminado. Basta tener en mente las persecuciones a católicos que ocurren hoy en día, en diversas partes del mundo, y los numerosos conflictos aún existentes entre pueblos y naciones.
     Esa misma superposición de escenas, el Cardenal Ratzinger la distingue en la ardua subida de la montaña, donde“podemos encontrar indicados con seguridad juntos a diversos Papas, que empezando por Pío X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por avanzar entre ellas por el camino que lleva a la cruz. En la visión también el Papa es muerto en el camino de los mártires”.
     Y añade: “¿No podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del ‘secreto’, reconocer en él su propio destino?”
     Si bien que tal correlación del tercer Secreto con el atentado a Juan Pablo II no haya alcanzado unanimidad en los medios católicos, no puede dejar de ser mencionada aquí respetuosamente. Algunos, sin excluir esa hipótesis –que el atentado esté en el contexto de las persecuciones a la Iglesia simbolizadas por la visión– prefieren ver en la imagen del“Obispo vestido de Blanco” más un símbolo de los diferentes Papas, que el de una persona en particular, como declaró, por ejemplo, el Obispo de Leiría-Fátima, Mons. Serafim de Sousa Ferreira y Silva (cfr. Corriere della Sera, 27-6-00). Lo cual, además, es una opinión compartida por el propio Cardenal Ratzinger, en el trecho citado inmediatamente arriba.
     De cualquier manera, la serie de martirios descritos en el tercer Secreto –que alcanza también a “personas seglares, caballeros y damas de varias clases y posiciones”– prosigue en nuestros días, y no se puede excluir que el odio de los enemigos de la Fe llegue a perpetrar nuevos atentados de igual o mayor magnitud.
     ¿Cuáles son los agentes humanos de esos atentados y destrucciones, representados en la visión por un “grupo de soldados” que “dispararon varios tiros y flechas” contra el Santo Padre y los que lo siguen, matándolos a unos tras otros?
     Según indica la Hna. Lucía en carta dirigida a Juan Pablo II el 12 de mayo de 1982, la tercera parte del Secreto debe ser interpretada a la luz de la segunda parte, y más específicamente de las palabras: “Si atienden mis pedidos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas”. Y ella misma comenta: “Desde el momento en que no hemos tenido en cuenta este llamamiento del Mensaje, constatamos que se ha cumplido, Rusia ha invadido el mundo con sus errores. Y, aunque no constatamos aún la consumación completa del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos poco a poco hacia ella a grandes pasos”.
     Al referirse por primera vez al texto del tercer Secreto, el día 13 de mayo del 2000, el Cardenal Sodano generaliza como agente humano de esas persecuciones a todos los sistemas ateos del siglo XX. Eso se comprende perfectamente, pues tanto el socialismo como el nazismo son adeptos declarados o encubiertos de los errores del comunismo, aun cuando se presenten como opuestos a él. Y se proyectan así más o menos metamorfoseados en el siglo XXI.
     Es, pues, todo el mundo secularizado y amoral de nuestros días –basta pensar en el aborto, en el amor libre, en la unión civil entre homosexuales, que se pretende legalizar por todas partes, en las embestidas contra el derecho de propiedad, en el igualitarismo más radical que rechaza hasta las desigualdades sociales justas, proporcionadas y armónicas–, es todo ese mundo que se arroja, en rebelión contra Dios y la Santa Iglesia.
     Cabe, por fin, preguntar cuál es el fruto de esos holocaustos pasados, presentes y futuros. La tercera escena de la visión nos lo indica.


Tercera escena
El Gran Retorno de la humanidad a Dios

 

Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno con una jarra de cristal en la mano, en ellas recogían la sangre de los Mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios.

Tuy,3/01/1944






 

 

La profecía de Fátima sólo puede llegar a su punto final cuando la humanidad prevaricadora se aproxime a Dios. pero para que esa vuelta se haga posible, es indispensable que sea regada por gracias especialísimas, simboloizadas por la sangre de los Mártires que los Ángeles derraman sobre las almas que estaban lejos de Dios (si se “aproximaban” es porque evidentemente estaban lejos) y hacia Él retornan.
     La tierra purificada y renovada por la sangre de Mártires auténticos corresponde a la noción del Reino de María, del cual habló San Luis María Grignion de Montfort en su célebreTratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen:“Tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús... Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariae (Para que venga tu reino, venga el reino de María) (§ 217). Noción ésta que se compagina admirablemente con las también célebres palabras que están en la conclusión de la segunda parte del Secreto de Fátima: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”.
     Ese triunfo, o se realiza sobre todo en los corazones de los hombres –como resalta San Luis de Montfort– o toda la trama de la tercera parte del Secreto queda completamente destituida de sentido. Pues sólo con el retorno estable de la humanidad a Dios –algo que se podría llamar un Gran Retorno (Grand Retour en francés, noción inspirada en un movimiento espiritual de Francia que tenía como meta promover el Grand Retour de las almas a Jesús por María)–, sólo con eso será posible que el mundo alcance efectivamente “algún tiempo de paz”, conforme Nuestra Señora prometió (cfr. texto del segundo Secreto).
     “Haec est dies quam fecit Dominus: exsultemus et laetemur in ea. - Castigans castigavit me Dominus et morti non tradidit me”. “Éste es el día que ha hecho el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. - Me ha castigado el Señor severamente, mas no me ha entregado a la muerte” (Salmo 117, 24 y 18).
     Así, las tres partes del Secreto hoy conocidas, pueden ser vistas como un todo único que tiene como centro la gloria de Dios, la exaltación de la Santa Madre Iglesia y el bien de las almas en éste y en el otro mundo, como resultado de una intercesión poderosísima del Corazón Inmaculado de María ante el Corazón de su Divino Hijo, Jesucristo.

 

 

 

Ver facsímil de la página 1 del manuscrito original escrito por la hermana Lucía

Ver facsímil de la página 2 del manuscrito original escrito por la hermana Lucía

Ver facsímil de la página 3 del manuscrito original escrito por la hermana Lucía

Ver facsímil de la página 4 del manuscrito original escrito por la hermana Lucía

 

 

Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, pp. 50-60)

 

 


Foto de los niños después de la visión del infierno
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