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La agenda ´oculta´ pero necesaria para la paz, que ya empezó a desconocerse
Ultima Modificacion: 2012-10-22 06:00:43

El Tiempo / 19.10.2012 /Jorge Yarce

 

Las primeras declaraciones de las Farc en Oslo me confirman en la idea de que se están adelantando unas negociaciones sin tener claro que tiene que existir una agenda básica "oculta" (implícita) pero necesaria para que este proceso tenga alguna viabilidad. Esa agenda, que hay que explicitar, afecta no sólo a las partes negociadoras, sino a todos los colombianos. Por eso la paz no saldrá sólo de Oslo y de La Habana. Sería una completa equivocación. Es un asunto de todos los colombianos que debemos sentirnos comprometidos con los puntos básicos de esa agenda, que no son negociables, y debemos, por eso, rechazar la forma como las Farc empezaron el proceso con el desconocimiento de sus responsabilidades, como se pudo ver en la intervención de los guerrilleros en Oslo, que tienen que ver también con aspectos no sólo de la agenda acordada, sino de la que llamo la agenda "oculta". Un mal comienzo que augura tempestades próximas, que ojalá se superen.

 

Por muy generales que pudieran parecer, se deberían tener en cuenta estos aspectos fundamentales:

 

El ser humano: lo primario e indispensable y el principio capital indiscutible es que somos seres humanos y tenemos una dignidad y una vida que es única, irrepetible e inviolable, que se debe respetar. Si no se acepta esto, se acabará justificando todo tipo de violaciones contra el ser humano, como ha ocurrido en los últimos 50 años.

 

La libertad: El ser humano se afirma a través de su libertad, de su libre albedrío: yo tengo que poder decidir sobre mis actos y sobre el sentido de mi vida, y eso no lo puede arrebatar nadie. Sin libertad no puede haber paz. Y la libertad se quita de unos a otros de muchas maneras, no solo matando o secuestrando. Los colombianos han perdido su libertad en aras de la violencia y de la injusticia en la cual tienen una parte importante, no exclusiva, los guerrilleros.

 

Reconocimiento del otro y de la equivocación: Precisamente por ser seres humanos y libres comprendemos que los otros también lo son y que la paz falta cuando nos equivocamos con el otro, llámese ciudadano, gobierno, campesino, colega, militar, padre o hijo, guerrillero, secuestrado, empresario, estudiante, etc. Hay que partir necesariamente de reconocer al otro y de reconocer el mal que se le ha causado. Pero si se empieza diciendo, como las Farc en Oslo, que ellos no son victimarios sino víctimas, ahí no cabe ningún diálogo.

 

Resarcimiento: Si reconocemos que nos hemos equivocado y que hicimos un daño (del tamaño que sea y por parte de quien fuere), estamos obligados a una reparación. Hay que examinar detenidamente qué, cuándo, cómo.  Y es absolutamente obligatoria. Sin ella no puede salir adelante ningún proceso de paz. Pero si no se reconoce al otro, ni el daño causado, tampoco va a resarcirse nada.

 

Reparación moral: no basta con resarcir el daño físico o material. Hay una obligación ética de ofrecer una reparación de índole más profunda para que pueda darse un cambio. Si no se acepta el daño, no se podrá aceptar el perdón o la reconciliación o la reparación moral. Todo será palabrería vana.

 

Inclusión: el país es de todos y para todos, nadie puede excluirse por raza, sexo, condición económica o social, religión, trabajo, posición, rango, ideas u opiniones. Tiene que haber un sitio digno para cada uno y debe darse un trato digno a cada uno. Esto no es algo traído de los cabellos sino una condición básica para restaurar la convivencia social.

 

Equidad: la inequidad es el talón de Aquiles de nuestra sociedad. Y para que haya equidad tiene que haber la posibilidad de trabajar, de educarse, de tener un techo, de poder salir de la pobreza extrema y del abandono o de la indiferencia de los otros, a la que estamos sometidos. Eso no se arregla sólo repartiendo tierras o dando participación política. Ya sabemos que eso no saldrá de la mesa de negociaciones, sino de un profundo cambio político y social que durará muchos años.

 

Salud: está en la raíz de todo proceso de paz el poder llevar una vida mínimamente digna, poder contar con esa asistencia para sobrevivir; por aquí comienza el bienestar para todos; es el rasero para medir que se ponen los medios para proteger la vida de cada ciudadano.

 

Justicia: no sólo la del sistema legal, la del estado, la del sistema económico, la de la guerrilla o de los militares: tiene que ser una justicia con un sustento muy superior. Cuando Lech Valesa, el líder polaco que hizo la paz sin derramar sangre, estuvo en Colombia, le pregunté qué les diría -entonces- al Cura Pérez o a Manuel Marulanda, si pudiera hablar con ellos. Y dijo: "no se puede dialogar con las armas en la mano" y "ustedes tienen que responder ante Dios por los crímenes cometidos" (y yo añado: otros también deberán responder por sus crímenes de todo tipo). Lo que quiero decir es que la justicia humana se queda corta, aunque deba cumplirse; y el referente de todas las clases de justicia no puede ser una de ellas porque están todas cuestionadas. Hay que remontarse a la conciencia y a los principios naturales de orden superior, en último término a Dios.

 

Verdad.  Todo lo anterior quedaría sin piso si no aceptamos la verdad y si no ayudamos a construir la verdad a la que todos tenemos derecho. Sólo con la verdad se puede construir la paz. Todas las mentiras juntas que concurren al actual proceso de paz, y las que ya se están diciendo, revelan que todos los puntos mencionados dependen unos de otros, partiendo del ser humano y su libertad, del reconocimiento del otro y de la equivocación, del resarcimiento y la reparación, sin todo lo cual será imposible la inclusión, la equidad, la salud o la justicia. 

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