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Negociar lo innegociable - Claudia Dangond-Gibsone
Ultima Modificacion: 2016-06-20 16:38:19

Opinión - Claudia Dangond-Gibsone  / El Tiempo / 20.06.2016

Acuerdos dentro de bloque de constitucionalidad equivale a haber negociado reforma constitucional.

 

El presidente Santos ha sido enfático en afirmar que ni el modelo económico ni el político son negociables en La Habana. En 2012 señaló que no se discutiría con las FARC “ningún aspecto fundamental de la vida nacional, como la propia Constitución, el modelo de desarrollo, o el concepto de propiedad”.


Luego, en 2015, ante un grupo de inversionistas internacionales y empresarios nacionales, aseveró que el modelo económico no estaba en discusión. Este año, en abril, señaló que había definido unas “líneas rojas” como que “con las FARC no se negocia el modelo económico ni la doctrina militar, ni el futuro de las Fuerzas Armadas, entre otras”. Por esto, el Presidente ha insistido en que no habrá constituyente.


Hoy, cuatro años después de la primera afirmación, cabe preguntarse ¿qué entendía el Gobierno por esos “aspectos fundamentales de la vida nacional”?; o, ¿en qué pensaba cuando prometía que la Carta no estaba en discusión?


El 2016 ha estado marcado por reformas a la ley fundamental y nuevas leyes estatutarias sobre aspectos medulares de la Constitución, todas de iniciativa gubernamental y muchas soportadas en la necesidad de dar seguridad jurídica y viabilidad a los acuerdos de la Habana.


Ejemplo de lo anterior son el proyecto de ley estatutaria que reglamenta el plebiscito para refrendar los acuerdos y que establece requisitos excepcionales, diferentes a los de la ley estatutaria sobre mecanismos de participación ciudadana; en los últimos días se aprobó una reforma para introducir un procedimiento legislativo especial aplicable a los proyectos y reformas constitucionales necesarios para darles vida a los acuerdos.


Este mismo texto otorga facultades extraordinarias al Presidente de la República para expedir decretos que aseguren la implementación, y es la que en el último momento incluyó la idea de que el acuerdo se considere como uno especial en los términos de los Convenios de Ginebra.


Es cierto: negociar implica ceder; también es cierto que las “líneas rojas”, lo que no es negociable, debe respetarse. Incluir los acuerdos dentro del bloque de constitucionalidad convirtiéndolos en parámetros del control de las leyes, de elevarlos a principios y reglas superiores, equivale a haber negociado una reforma constitucional. Esto demuestra que sí se transaron aspectos fundamentales de la vida nacional.


Es muy posible que las conversaciones de La Habana concluyan con la suscripción del acuerdo definitivo después de convenir el cese del fuego bilateral; es factible que, si la Corte Constitucional declara exequible el plebiscito por la paz, este obtenga la mayoría requerida según las nuevas normas. Será entonces cuando los integrantes de la guerrilla más antigua del continente puedan integrarse a la vida civil, continuando su lucha no con las armas sino con la palabra.


En ese escenario, el Estado estará enfermo: un órgano legislativo eunuco, sin los poderes plenos para cumplir con su función legislativa; un sistema de justicia cuyo fin último no será hacer justicia sino ‘dejar pasar’ a unos y perseguir con saña a otros, y una Rama Ejecutiva con poderes exorbitantes.


Como si lo anterior fuera poco, el reciente pacto suscrito por el Gobierno con las comunidades campesinas, indígenas y afros no se limitó a incluir acuerdos sobre el sector agrario. El Ministro del Interior señaló que las demandas fueron más allá y se refirieron a la implementación de reformas estructurales al Estado y a un cambio de modelo económico. Al respecto, el Gobierno convino en abrir espacios para que se inicie ese debate.


Con un Estado débil y con pobres instituciones, bajo la incertidumbre acerca de su rumbo y de su economía, aun sin actores armados, el futuro no resulta claro ni halagüeño.

 


Fuente: El Tiempo


La opinión expresada no compromete en nada el pensamiento del Centro Cultural Cruzada, pero, es una valiosa fuente de opinión que debemos apoyar y difundir.

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